Durante años, Belle de Jour fue una voz sin rostro. Un nombre elegante, casi literario, detrás del cual se escondía una mujer que hablaba con una franqueza inusual sobre el trabajo sexual en el Londres contemporáneo. Su historia no solo capturó la atención de millones de lectores, sino que abrió un debate incómodo y persistente sobre sexo, poder, dinero, elección y estigma. Cuando finalmente se reveló su identidad real —Brooke Magnanti—, el impacto fue aún mayor: Belle de Jour no…
